El
sol de la mañana entraba por la ventana que anoche también olvido
cerrar. En ese mismo instante el sol calentaba la botella de agua que
acompañaba a la puerta desde hace ya unas semanas. Cuando no quieres que
los perros te orinen encima, no hay más socorrida acción que los
bidones de agua en los cantos de las puertas.
Fue ese sol multifunciones el que despertó a Soledad aquella mañana.
Parecía temprano, y por lo visto ni siquiera los gallos habían visto el
alba. Pero ya no te puedes fiar de los gallos. Últimamente tocan a
deshora. Quizás esa mañana se habían quedado dormidos después de pasar
toda la noche, y parte de la tarde anterior cantando. Quizás eran las
once de la mañana, y el sol llevaba unas horas calentando la ya no tan
delicada piel de Soledad. Los ojos de Soledad empezaban a pestañear.
Llevaba un rato despierta, pero la pereza de empezar un nuevo día le
había impedido dejar a sus parpados elevarse y ver de nuevo que su cama
estaba vacía. Una brisa de aire entró de improviso en la escena. El
cabello de Soledad bailó desenfrenado unos segundos. Poco después fue a
parar a su cara. Le encantaba esa sensación, hacía tanto tiempo que no
recibía caricias, que cuando cada dos días y medio el aire se
materializaba en su cara podía sentir como cada ápice de su piel se
erizaba como cuando unas manos frías y desconocidas le rondaban
sigilosamente al azar. Se tomo unos segundos más para pensar mientras
sentía placer.
Ahora que ya estaba despierta, sólo tenía que alzar las sábanas. Pensar
si ese día acertaría a meter el pie derecho en su zapatilla de estar
correspondiente. Ayer no acertó. Hoy ya tocaba. Una, dos y … - ¡Mierda!
Quizás mañana- pensó. Ahora que ya estaba verticalmente dispuesta a
vivir un día más, se acercó a la ventana. Se precipitó a mirar hacia
abajo. Vio lo de siempre, nada y un perro. Parecía que un día más los
bidones de agua estaban a punto de fallar, pero no. Un día más
desempeñaron su función. Primer asalto vencido.
Que
mala suerte que alejar la mierda de nuestras vidas, no sea tan fácil
como dos inmutables botellas de agua ahuyentan los desechos líquidos de
algunos seres vivos.
To be continued…
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