Cuando estás tomando una ducha previa a coger un autobús post fin de vacaciones playeras piensas muchas cosas. Entre ellas, puedes llegar a pensar en un hipotético accidente todos quedan malheridos, y eres tu la única persona que no ha sufrido daño alguno, resultando además ser estudiante de medicina. Y en ese momento piensas que puedes salvar al mundo, empezando, claro está, por la maltrecha gente que tienes alrededor. Así que mentalmente ideas el plan de emergencias a seguir en estas circunstancias, aún sabiendo que las posibilidades de que suceda realmente son bajicas. Y todo esto, porque no te dio por cantar mientras te duchabas. Creo que volveré a mis costumbres las próxima vez.
Sales de la ducha, olvidas el pensamiento y te dispones a prepararte. Terminas de hacer la maleta. Llamas a tu padre para que te acerque a la parada. El autobús ya está allí. Partía a las 5 pm. Aún siendo menos diez, el conductor te vacila diciendo que como eras la última que faltaba, casi te deja en tierra. Subes al autobús, y como pasajeros estáis tu y una viejecita adorable que se dispone a entablar conversación con el conductor. Tema elegido: “Locos Vs Asesinos”. Te dispones a escuchar música mientras lees “La historia interminable”, pero la falta de concentración te lleva a escuchar disimuladamente la conversación que están teniendo a unos metros de ti. Y te deleitan con una historia con moraleja que te despierta una sonrisa. Estas viejecitas sabias.
Tras quince minutos de viaje llegamos a la próxima parada. El conductor se dispone a bajar mientras dice que retomaremos la marcha quince minutos más tarde. El silencio vuelve y sigues leyendo. Cinco minutos después vuelves a oír otra conversación que procede de fuera del autobús. Una mujer, con acento del norte habla mientras solloza. Le está diciendo a alguien: - Mi padre ha muerto hace dos horas. Sigues escuchando la conversación y te das cuenta que va a subir al autobús. Y como ya he dicho, puedes imaginarte un accidente siendo tú la única superviviente, pero no te planteas compartir autobús con una mujer que todavía no se puede creer que su padre acaba de morir. Y así fue como compartí 3 horas de mi vida en autobús, con una mujer rota, escuchando e intentando ayudar. Una mujer, a la cual muchos habrían dado de lado, cuando ella les hubiera contado todo lo que me contó a mí. O que simplemente habrían dado de lado por la simple razón, que vivimos tan bien que no tenemos tiempo para los demás. El dolor ajeno nos asusta.
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