viernes, 21 de noviembre de 2008

Canto de sirenas.




En la tranquilidad de la inmensa calma, una sirena, perturba mi mente. Cantaba, reía y me miraba. Me miraba como si no hubiera visto jamas en su vida una persona alicaída y de cabeza gacha. Seguro que no era la primera vez, pero su mirada y su sonrisa desafiantes me hacían dudar.


No estaba sola, eso lo sabía. Su canto atraía un desfile de personas que como yo, no sabían con que pie caminaban. Todas iguales a mi, la única diferencia; eran hombres. ¿Por qué esta vez un canto de sirena atrajo a una mujer? Será que en el fondo todos somos iguales. Nos dejamos cegar por la grandeza de una gran mujer. Una mujer que domina. Que tiene armas y las aprovecha. Una mujer que sabe jugar bien sus cartas. ¿Quién no se arrodillaría ante tal magnífica imagen? Yo la primera, porque reconozco en ella lo que no soy y quisiera ser. Porque anhelo su esencia, pero no se lo digo. Porque me fundiría en su piel, pero me da miedo. Tanto poder tiene la sirena, que asusta. ¿Podrías ser ella y hacerlo igual de bien? ¿ o te perderías en la gigantesca negrura del no saber? No saber ni como ni cuando acabaste con el poder de engendrar a tu voluntad y con el miedo de equivocarte al mover el hilo que diseña el mundo que quieres pero temes.